24 de noviembre de 2013

Dedos de Luna - (para Marianito )


Ilustración: Leonel Maciel
Cuento: Tony Johnston

Toño vivía en Guerrero, tierra salvaje, donde las nubes negras cubren de repente el paisaje y las lluvias feroces golpean la montaña.
Don Gregorio, su abuelo, era muy diferente. Era la persona más tierna que él conocía. Era más tierno que la hierba mecida por el viento y que las palomas que se arrullaban en el camino de tierra frente a su casa.
Don Gregorio hacía todas las máscaras del pueblo: retratos esmaltados y brillantes, diablos de ojos penetrantes, reyes, murciélagos o sapos, monstruos de ojos vacíos. Estas máscaras, nacidas en su interior más recóndito, se utilizaban para la danza de la cosecha.
Todos los días Toño y su abuelo se pasaban muchas horas en el taller trabajando las máscaras. Sólo usaban zompantle, porque es una madera seca y ligera.
—Una máscara no deber ser una carga —decía don Gregorio—. Debe ser parte de la cara; ligerita como un velo para que hasta los pies se sientan livianos y jubilosos cuando bailen celebrando el cambio de estación.
Un día, escuchando a su abuelo, Toño se quedó mirándole las manos. Eran unas manos maravillosas, morenas, bordadas de arrugas y gruesas venas.
No eran grandes, por extraño que parezca, sino largas y fuertes, de uñas anchas y planas, rematadas por lunas blancas.
—Abuelito —dijo Toño.
—¿Qué? —contestó el abuelo.
—Tienes lunas en los dedos, ¡mira qué grandes y blancas!
—Sí —dijo el abuelo, y sus ojos oscuros chispearon con humor —. Tengo dedos de luna.
—¡Dedos de luna!, ¡dedos de luna! —Toño reía y bailaba sobre el aserrín con una máscara a medio terminar.


El abuelo también reía.
A veces, mientras trabajaban, don Gregorio contaba historias de las danzas. A Toño le gustaban los cuentos de danzantes que cantaban, saltaban y se movían al ritmo de la música, hasta que las máscaras parecían cobrar vida.
A veces, cuando se cansaban de trabajar, Toño tomaba del brazo a su abuelo y paseaban juntos bajo el sol.
Miraban a las mujeres haciendo tortillas, y oían el murmullo del río sobre las rocas y el parloteo de los guajolotes.


—Creo que la próxima máscara la voy a hacer de guajolote —decía el abuelo.
Y se reían.
Un día, a la luz del atardecer, don Gregorio colgó lentamente una máscara en la pared, que relucía con el reflejo del sol poniente. Sus arrugas estaban talladas como gruesas venas. Su barba caía levemente. Era la cara de un anciano.
—Creo que ésta será la última máscara —dijo don Gregorio—. Ya estoy cansado.
—Entonces yo las haré —dijo Toño, como en broma—, y tú descansas.
—Está bien —respondió el abuelo, acercando al muchacho con su brazo y acariciándolo con sus dedos de luna.
Toño sintió que su abuelo se parecía al zompantle, ligero y frágil, y le dio un fuerte abrazo.
—Cuando me vaya —dijo el anciano—, tú vas a hacer las máscaras.
—No, no te irás, abuelo —dijo Toño—. Te quedarás conmigo para enseñarme a tallar y a pintar, para decirme si mi trabajo es bueno.
—Pero no siempre —dijo el anciano con tranquilidad.
Una noche, días después, apareció en el cielo una media luna. Un tecolote cantaba al silencio. Y don Gregorio murió.


Toño no podía creer que su abuelo se hubiera ido. Sentía dentro de él una soledad que nunca antes había conocido. Don Gregorio siempre había estado allí, como el aire o las nubes del cielo.
Un día, sin saber por qué, Toño caminó con desgano hacia el taller, donde habían pasado tanto tiempo riendo y trabajando. El olor a pintura y madera lo saludó y las lágrimas llenaron sus ojos, aunque no se dio cuenta. Pensó en los dedos de luna, largos y delgados. ¡Cómo le hubiera gustado acariciarlos en ese momento, tocar esos dedos de luna!
Vio las máscaras de la pared. Miradas fijas, vacías, insolentes.Las odió. Las odiaba a todas. Quería olvidarlo todo, olvidar las máscaras y el dolor de su corazón.
"¡Olvidar, olvidar, olvidar!" gritaba para sus adentros.
Y con golpes feroces arremetió contra las máscaras, enchuecando algunas y quebrando otras.
A través de sus lágrimas, la máscara del anciano lo miraba con malicia. Toño la tiró al suelo. La cara quedó herida, con la barba rota. Después todo quedó tranquilo, muy tranquilo, menos el latido de su propio corazón.
—Yo también lo quería —susurró alguien en el silencio.
Toño volteó lentamente. Era su madre.
—No te enojes, hijo —le dijo en voz baja.
—Es que... no lo puedo evitar —balbuceaba el muchacho—. No es justo. Teníamos tanto que hacer juntos. Me iba a enseñar...
—Nunca estamos preparados para perder lo que queremos —le interrumpió su mamá tiernamente—. ¿No fue una alegría tener un abuelo como el tuyo, un hombre cariñoso y tierno que hizo cosas bellas? ¿No fue un gusto aprender de él?, ¿ver el mundo a través de su bondad?
Toño se quedó mudo.


—No te enojes por lo que no puedes cambiar —dijo la madre—. Tu abuelo se ha ido, pero tenemos recuerdos de él. Mira las bellas máscaras que nos dejó.
Toño todavía no podía hablar. Levantó la máscara rota y la abrazó; entonces apreció su belleza y tranquilidad. Pensó en los dedos de luna trabajando la madera con paciencia y amor. Deseaba hacer algún día máscaras tan finas como las de su abuelo. Lo intentaría con toda su alma.
Pero era demasiado pronto para eso. Aún era tiempo de pensar, de recordar.
Toño volteó a ver a su madre, y le dio las gracias con la mirada.


25 de mayo de 2012

Pensando en Carlos Fuentes


Edición:Colibrí de Onyx
,
Muchos nos entristecimos por la reciente partida de Carlos Fuentes.
Fuentes era una opinión autorizada en lo cultural y en lo político.
Era un escritor con carisma y distinción que me atrapaba por su innegable
talento literario y por sus enormes dotes de conversador.
Le recuerdo especialmente en las entrevistas que le hicieron en TV y en las que se
publicaron en las revistas literarias que disfruté tanto y a las que vuelvo de vez en cuando.
.
Gracias a estas entrevistas he podido imaginarlo discutiendo y
carcajeando con Cortazar y Márquez en París.
He podrido dscubrirlo enamorado de México y le he visto
indignado por la ignorancia y desfachatez de ciertos políticos.
Este Carlos Fuentes era el que yo más disfrutaba.
.
Sin duda lo vamos a extrañar ...pero siempre nos quedarán sus libros.


9 de abril de 2012

Chico y Rita



Chico y Rita es una historia romántica, una especie de
...había una vez en Cuba
una hermosa cantante y un talentoso pianista que se encontraron...

Una película así tenía que aprovechar toda la nostalgia que provocan la Cuba de
los años 4O, sus talentos musicales y sus hermosas mujeres.

Me pareció interesante por el despliegue de escenarios, por el colorido tan de la Habana y porque sin lugar a dudas es muy placentero ver imágenes animadas de tanta belleza.

Qué lastima que esta vez no se haya permitido a los animadores desarrollar a los personajes, pues estos fueron dibujados sobre las imágenes reales de los actores contratados en Cuba, así -según el director- tendría mayor "control" sobre la interpretación y el trabajo de los animadores.

Sin duda el resultado fue bueno, pero me queda una inquietud...
quién sabe si el trabajo original de los animadores hubieran dado a la luz una mujer con más
carisma y belleza que la Bella Rita de esta historia.
Me hubiera gustado verlo...

22 de agosto de 2011

Tijuana suena así


Acordeón, Tuba, Bajo y Electrónica Norteña.
Nortec sonó en el Jardín Guerrero y todos salieron a bailar.

Fue una fiesta electromex para disfrutar del sonido Tijuana.
Linda noche, puro furor tecno y
arriba el norte.

Hey! En Tijuana se hacen cosas que alegran el corazón y el espíritu.

Si Señor! Tijuana sueña así...




11 de agosto de 2011

¿ A qué jugabas de pequeño ?

Foto: Merisk Turkovic

Yo jugaba mucho con trapitos y papeles. Con flores, lápices y
pedacitos de colores de cualquier cosa.

Hacía diseños maravillosos con calcetines viejos de mi papá o míos.
Siempre quería hacer el mejor vestido sin aguja ni hilo.
El mejor peinado con una toalla de baño.

Quería hacer los garabatos más hermosos y
el pato de colores más guapo. Casaba a mis muñecas con el osito Bimbo
y preparaba mole de olla con polvo de ladrillo.

Tenía mi caja de basuritas valiosas.
Veía la lluvia desde el quicio de la puerta y sacaba a navegar a mis barquitos.
Entraba en guerras de cubetadas de agua y
jugaba a ser adulta, boxeadora, modista, perfumista y María Elena.

¿ Y tú, a qué jugabas ?




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7 de agosto de 2011

Sacar belleza del caos

Ilustración: Colibrí de Ónyx

En esta época tan revuelta en mi país,
me han "iluminado" muchas frases que
antes no lograron conmoverme.

¿Será que nuestro espírutu se empeña en hacerse escuchar
y acaba por hablarnos hasta por medios electrónicos?
Pues me suena muy divertida esta idea...

Estas dos frases de Cerati me han hecho el día hoy.
Habrá que sacar provecho de ellas y seguir adelante.

Hoy más que nunca...que brille la posibilidad radiante
y Cerati canta ASI !
Todo es mentira, ya verás. La poesía es la única verdad.
Sacar belleza de este caos es virtud...

Pícale aquí



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10 de julio de 2011

Campeones Sub17

Foto: FIFA

LO HICIERON
Nos sacaron de lo cotidiano,
despertaron la emoción, la ilusión y los gritos.

Nos tuvieron al borde del asiento.
Metieron goles de último minuto.

Ganaron todos sus juegos.
Le pusieron pasión, energía y compromiso.

Se lanzaron con todo y no se guardaron nada.

Chispas - Lo Disfrutamos Tanto !!




25 de junio de 2011

Vivir como Indocumentado

Foto: UyPress

Este 23 de junio leí la noticia:

Premio Pulitzer 2007 se declara
inmigrante indocumentado
.
Por años una licencia de manejo fue su único medio para evitar ser descubierto.
Con una nueva licencia "ganaba" cinco años más, pero estaba agotdo de huir de si mismo y de la administración pública y decidió dar a conocer su situación en un artículo
para The New York Times.
José Vargas es un periodista nacido en Filipinas que como muchos otros "ilegales" ha querido construirse en los Estados Unidos un futuro promisorio a base
de trabajo y dedicación.

Pienso también en todos los Mexicanos e Hispanos en general, que como Vargas viven y trabajan de manera ilegal en EE.UU. y me pregunto hasta cuándo las autoridades se decidirán a concederles opciones accesibles tanto a trabajadores como estudiantes para obtener la residencia legal que les permita disfrutar de la vida y del fruto de su trabajo y dedicación a la luz de la legalidad. Negarles esta posibilidad es negar la evolución de una sociedad, o querer frenar el futuro de un país.

Esta es la historia de José Vargas:
Una mañana de Agosto hace 2 décadas aproximadamente, mi madre me despertó y me puso en un taxi, me dio un abrigo y dijo –Puede hacer frío allá- Cuando llegué al aeropuerto internacional de Filipinas con ella, mi tía y una familia amiga, me presentaron con un desconocido que dijo ser mi tío, me tomó de la mano y subí con él por primera vez a un avión. Era 1993 y yo tenía 12 años.
Mi mamá quería darme una vida mejor, así que me envío a cientos de kilómetros lejos de ella a vivir con sus padres en Estados Unidos, mi abuelo (Lolo en Tagalo) y mi abuela (Lola). Llegué a Mountain View California, en la bahía de Sn Francisco, entré a sexto año y rápido creció en mi, el amor por mi nuevo hogar, familia y cultura. Descubrí mi pasión por el idioma a pesar de lo difícil que fue aprender la diferencia entre el inglés formal y el “caló” estadounidense.
Una de mis memorias tempranas es acerca de un niño con pecas de la secundaria que me preguntó -What's up?- y yo contesté –el cielo, él y otros niños se rieron de mi...
En segundo de secundaria gané el concurso de deletreo (Spelling bee) por memorizar palabras que yo no podía pronunciar correctamente, la palabra que definió el triunfo fue indefatigable.
Un día cuando tenía 16 años fui a sacar mi licencia de conductor, algunos de mis amigos ya tenían la suya y pensé que era tiempo de obtener la mía. Sin embrago, cuando le dí al oficial mi tarjeta verde como identificación de residente Estadounidense, él la examinó y murmuró – Esto es falso, no vuelvas más por aquí.
Confundido y con miedo pedalee hasta la casa y confronté a mi Lolo, recuerdo que estaba sentado en el garaje recortando cupones. Solté mi bicicleta y corrí hacia él mostrándole mi tarjeta –¿Es falsa?- pregunté. Mi abuelos eran ya Estadounidenses naturalizados, trabajaron, él como guardia de seguridad y ella sirviendo comida, y habían mantenido a mi mamá desde que yo tenía 3 años, después de la separación de mis padres provocada por la infidelidad de mi papá y su incapacidad de mantenernos.
Lolo era un hombre orgulloso y pude ver la vergüenza en su cara mientras me decía que me había comprado la tarjeta junto con otros documentos falsos.
– No la muestres a otras personas-me dijo.

Entonces decidí que nunca iba a dar motivos para que dudaran de que yo fuera un ciudadano de Estados Unidos. Me convencí a mi mismo de que trabajaría lo suficiente y haría los méritos suficientes para ser recompensado con la ciudadanía. Sentí que podía lograrlo.
Y lo he hecho en los 14 años que han pasado. Me gradué de la preparatoria y la universidad y construí una carrera como periodista entrevistando a algunas de las personas más famosas del país. En apariencia he vivido una buena vida. He vivido el sueño Americano, a pesar de lo cual aún soy un inmigrante indocumentado. Y eso significa vivir en una realidad diferente. Significa vivir con miedo a ser descubierto. No poder confiar en la gente, ni siquiera en aquellos más cercanos con quienes me comporto tal y como soy. Significa guardar las fotos de mi familia en una caja de zapatos en lugar de mostrarlas en los estantes de mi casa para que mis amigos no pregunten por ellos. Significa, aunque me resulte muy difícil, hacer cosas que sé muy bien son ilegales.
Y ha significado apoyarme en una especie de tren subterráneo del siglo 21 lleno de personas que se han interesado en mi futuro y se han arriesgado por mí.

El año pasado leí acerca de cuatro estudiantes que marcharon de Miami a Washington para abogar por el Dream Act, un proyecto de ley de inmigración de casi una década de antigüedad, que proporcionaría una vía hacia la residencia legal permanente para los jóvenes que han sido educados en este país. Y a riesgo de ser deportados - la administración de Obama ha deportado a casi 800.000 personas en los últimos dos años – ellos se manifestaron. Su coraje me inspiró.

Se estima que hay cerca de 11 millones de indocumentados inmigrantes en los Estados Unidos. No somos siempre quienes Ustedes piensan que somos. Algunos recogemos las fresas, otros cuidamos a sus hijos, algunos estamos en la preparatoria, otros en la Universidad. Y algunos resultamos ser escritores de los artículos que Ustedes tal vez lean.
Yo crecí en Estados Unidos. Este es mi hogar y aún cuando me considero a mi mismo Estadounidense y considero a Estados Unidos mi país, mi país no piensa en mi como uno de los suyos.

“Yo defino a un Estadounidense como alguien que trabaja duro, alguien que está orgulloso de estar en este país y contribuye con él. Soy independiente, soy auto-suficiente y pago mis impuestos. Soy Estadounidense, sólo que no tengo los papeles necesarios...y entonces, como periodista les pregunto -¿Qué harían Ustedes?”
José Vargas ganador del premio Pulitzer 2007.

18 de junio de 2011

Las fotos con vida


Photobucket
Fotografía animada por Jamie Beck

Era muy pequeña cuando soñaba que las fotos que mi mamá guardaba en el ropero se movían cuando nadie las veía. Las fotos guardaban la vida de cada escena que captaban, las muecas de cada persona que reía, los movimientos de cada niño que corría.
Era un sueño repetitivo, así que una noche pude confirmar cómo se movían las imágenes de una de nuestras viejas fotografías en blanco y negro . Ahí estaba Gerardo mi hermano, corriendo feliz con su bicicleta a todo lo largo de un terreno baldío. Sus movimientos eran sutiles y poéticos, suaves y fluidos como en cámara lenta.
Quedé fascinada y desperté convencida de poseer un conocimiento secreto.
Ahora me encuentro con las fotos animadas de Jamie Beck y veo que
ese sueño ahora es realidad...


29 de mayo de 2011

Sonidos e Historias

Estos son algunos sonidos que extraño
por las historias que evocan.

¿Qué sonidos extrañas Tú y cuál es su historia?




Canarios
Homenaje a La Reina Isabel y toda su corte de Bosques de la Hacienda
-Hey Bienvenido!- Tú fuiste un personaje aparte.




El Gallo por la mañana
Había una vez, a mean rooster called Henry...




La lluvia y los truenos
Con un barquito de papel flotando en el patio y la enorme
cascada que bajaba desde la azotea.




Niñas Cantando
Zenna & Marie ( Hans Appelqvist )
Uy! cuánta felicidad. Los Conejos Panaderos y el Negrito Bailarín con Chava y la Coneja Traka...